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tercera parte
17. Lo que vendrá
producción. f. Acción de producir // f. Cosa producida
- producir. (del Lat. producere) t. Crear, fabricar. Dar fruto,
renta, etc. Originar, ocasionar // r. Explicarse - caos. (Del Lat.
chaos, y este del Gr. ca2oç, abertura)
m. Estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación
del cosmos // m. Confusión, desorden // m. Fís. y Mat. Comportamiento
aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos,
aunque su formulación matemática sea en principio determinista
- libertar. tr. Poner en libertad, sacar de sujeción. Eximir,
preservar - libertario, ria. a. Anarquista - anarquista.
a. Partidario del anarquismo.
También las brújulas del sur señalan
hacia el norte. La conquista del Poder se ha prometido históricamente
como la salida de un estado de sufrimiento, casi como un escape, así
como las sociedades más desarrolladas dentro de la lógica
actual se establecen como referencia. Un libro como éste no pretende
sentar doctrina ni estructurar un formuleo para la liberación,
puesto que no hay liberación posible a través de eso. Este
libro tiene como propósito aquello que escribí al principio:
ampliar el horizonte hacia la liberación ofreciendo una mirada
que solamente puede tener valor en tanto sea una más de las miradas
libertarias sin número. Creo que lo que vendrá es lo que
seamos capaces de hacer a partir de establecer nuestras propias referencias.
Y lo que más me importa de esa frase es la primera persona plural.
Nuestra sociedad es lo que somos, y lo que vendrá tendrá
que ser lo que queremos ser.
Hemos aprendido a delegarlo todo. La decisión, la convicción,
los argumentos y las herramientas. Hemos delegado hasta las preguntas.
La sacudida que vivimos en Argentina en diciembre de 2002 es una manifestación
más de una crisis mundial que viene desarrollándose desde
hace mucho tiempo y que terminará por producir alguna clase de
cambio en la organización social. Ese cambio, esa tal vez revolución,
se ubicará en el ámbito social que la practique. Quiero
decir que si nosotros, desde abajo y con minúsculas, asumimos la
transformación como algo propio, podremos proponernos la revolución
social camino a la revuelta. Para eso tendremos que empezar por asumirnos
en crisis, por alimentar esa crisis en nosotros mismos, desde lo individual
y desde lo colectivo, como expresiones simultáneas de la misma
cosa. La autogestión señala el primer contacto con los rudimentos
de la liberación. Desde la acción directa, aplicados a la
manifestación genuina de las ideologías libertarias, habremos
de generar espacios de ruptura a través de todas aquellas acciones
posibles tendientes a la práctica concreta de los valores libertarios.
Corrernos de la política y de la participación en las acciones
de gobierno, corrernos de la Discusión Oficial promovida desde
el Poder, salirnos del Poder como instancia vincular. La descentralización
organizada, la individualidad involucrada, la coherencia extrema entre
el pensamiento y la acción. La abolición del Dinero y de
la Propiedad Privada puede practicarse ampliamente en las nuevas formas
de organizar la producción. Para eso es necesario que los medios
de producción estén orientados hacia los fines libertarios
que esa producción tendrá. Y para eso es necesaria la expropiación
de lo robado, la recuperación común de lo privado.
No quisiera confundir el deseo con la verdad: no creo que la expropiación
pueda practicarse masivamente todavía. Es necesario abocarse a
la construcción de espacios y de ideologías primero, generar
la red social que permita desplazar al Estado y a la representación
del centro de atención. No obstante, la recuperación de
tierras y herramientas, de edificios industriales y de maquinaria, la
recuperación, en definitiva, de los medios de producción,
puede practicarse parcialmente. El punto es no perder de vista el objetivo
y avanzar en consecuencia, atentos a las circunstancias en las que estemos.
La práctica concreta de una sociedad considerablemente nueva puede
realizarse medianamente con acciones cotidianas a nivel barrial. En este
sentido hay dos ejes que adquieren gran importancia. Por un lado, la construcción
de espacios formativos auténticamente barriales donde artistas
y personas con oficios (me reservo la palabra "oficiales" para
otra clase de personas) enseñen lo que saben, y por otro, la producción
agroindustrial en todo ámbito, sea preeminentemente agrario o urbano,
en manos de comunes y administrada por comunes.
El primer caso es fundamental a la hora de plantear la formación
fuera de la Academia, expropiándole el conocimiento. La Academia
se apropió de un conocimiento que es parte de los bienes sociales
encerrándolo entre dogmas burocráticos y planificaciones
doctrinarias. Ese conocimiento debe ser sacado de allí y luego
ser desarrollarlo en ámbitos comunes. La ya mencionada práctica
del taller (47) ofrece un marco adecuado
a la formación popular, entendida como la formación cultural
del noGobierno, es decir, del simpoder. Para eso es necesario salirse
tanto de los modelos institucionales como de los comerciales, salirse
del estereotipo CGP (48) y de su
lógica, y abrirse a nuevas experiencias de formación común
y autogestionaria. Basta con que un artista abra las puertas de su casa
a los vecinos que quieran aprender su oficio a través de la vivencia
común para comenzar. Basta con que la casa del carpintero funcione
los sábados como taller vecinal de carpintería. En tanto
estén en nuestras manos nuestras propias herramientas, basta con
establecer vínculos solidarios entre vecinos, amigos y compañeros,
para empezar a tejer una genuina red solidaria.
Esto trae de la mano una reconsideración del Trabajo y de la remuneración.
Una propuesta de este tipo no puede imaginarse sin la redefinición
de los lazos económicos que afecten a la comunidad. En tanto la
actividad económica de los hombres esté en función
del Dinero estará ligado a la Propiedad Privada, sin la cual el
Dinero carece de sentido. La enajenación del trabajador respecto
a su trabajo, en tanto producto y en tanto proceso, está ligada
a la desvinculación que se produce cuando el objetivo final de
la actividad no es la actividad en sí, ni tampoco su producto,
sino el Dinero que se recibe a cambio de la fuerza de trabajo. Lo que
debiera ser propio del trabajador en tanto miembro de la comunidad es
expropiado por la persona que paga, quien se adueña de todo a cambio
de Dinero. Ya el trabajo pierde su valor y pasa a tener Precio. Lo mismo
ocurriría con un trueque establecido en referencia a un valor de
intercambio centrado en la mercancía y no en la necesidad de quien
la requiere. Evitar el uso del Dinero implica evitar su lógica,
su paradigma.
Es importante considerar que el trabajo no es un bien sino una capacidad.
Como tal nunca puede ser comparable a un bien por más que éste
sea producto, a su vez, de un trabajo "pretérito". El
esfuerzo que implica el trabajo será el esfuerzo necesario para
la resolución de las necesidades de la comunidad y deberá
ser atendida por todos de la misma forma que todos podrán satisfacer
las necesidades a partir de la labor común. De esta forma lo que
da valor al bien es la necesidad que se tenga de él y lo que da
valor al trabajo es la disposición que implica de las capacidades
de los individuos en bien de la comunidad. Y no hay que perder de vista
que tanto las capacidades como los bienes producto de la labor, son propiedad
de todos y cada uno, según la idea tan famosa y tan poco practicada
de "a todos según su necesidad, y de todos según su
capacidad". Esto sólo puede practicarse en la medida en que
se soporte ideológicamente con la experiencia de producción
común y solidaria.
Si las capacidades y los bienes de un barrio o de un grupo de afinidad
son administrados por los comunes, es factible establecer la valoración
comunitaria en este sentido, y reducir la actividad lucrativa a los ámbitos
ajenos a esta dinámica. Esto implica que, al tiempo que se practique
la inevitable actividad lucrativa en una sociedad enraizada en el Dinero
para pagar lo que no pueda evitarse, y hasta que no haya relaciones de
fuerza como para dar un paso más hacia la revuelta, es necesario
comenzar a establecer una economía marginal que atienda cada vez
más necesidades sin Dinero. La supervivencia no puede desplazar
a la vida. Ajustar el comportamiento cotidiano al compromiso con la valoración
genuina es una elección de vida, en tanto que la adaptación
a las condiciones impuestas por una sociedad parasitaria es meramente
sobrevivir. Y cuando digo valoración genuina, no hago referencia
a una Verdad Fundamental fundada en Fe ni en Ley, sino a una voluntad
libre que elige autónomamente la forma en la que quiere vivir.
No hay Certeza detrás de tal elección sino convencimiento.
Y este convencimiento está fundado, al menos en mi caso, en una
idea de libertad como expresión de la existencia vincular. Y así
como no hay Certeza que avale la propiedad común, tampoco hay motivo
para justificar la inequidad ni para aceptar la explotación. No
existe sustento alguno para el ejercicio del Poder que no sea la voluntad
de someter, ni sentido detrás del Dinero que no sea el resguardo
de una Propiedad Privada que es la protagonista de la historia de la humanidad
en tanto patética expresión de la más ruinosa mezquindad.
EL desarrollo de una economía marginal y de una formación
autogestionaria necesita de una difusión de la información
y del conocimiento como herramientas para la producción de bienes
culturales así como requiere de una posesión comunitaria
de las herramientas de trabajo manual o industrial. En el caso de la tecnología
y la información nos topamos nuevamente con la informática.
Si bien las condiciones de exclusión nos llevan a una inaccesibilidad
atroz, no es menos cierto que las condiciones actuales del desarrollo
mismo del Mercado Tecnológico hicieron que la computadora se haya
difundido tanto como una amoladora o una sierra de banco. El punto es
que, sin propietarios, las herramientas son utilizables por todos los
miembros de una comunidad en beneficio común.
De esta manera, sumándose a las actividades formativas del taller,
el flujo de información también puede contar con espacios
electrónicos o mixtos como los que pueden surgir desde la internet
(49). Aquí vale lo mismo que vale para el carpintero,
para el médico, para el artesano. Todo aquel que cuenta con oficios
y capacidades útiles para la comunidad habrá de ofrecerlos
solidariamente a sabiendas de que la comunidad respira con el aire de
todos, y todo recurso al alcance de la mano es legítimo en tanto
se utilice para el bienestar común.
Todo espacio verde puede cultivarse, todo galpón fabril, en bancarrota
o no, puede recuperarse para la producción autogestionaria. El
Estado lo sabe muy bien, y por eso ha desarrollado sistemas de cogestión
y proyectos asistenciales como, por ejemplo, el de Prohuerta
(50). El Estado sabe que si se demora en ocupar ese
lugar lo perderá en manos de los comunes y eso amenaza con la práctica
del simpoder. El Estado no puede permitirse que se reproduzcan auténticas
experiencias autogestionarias, y para evitarlo las ha querido convertir
en experimentos de heterogestión o cogestión. Por eso es
importante que las ocupaciones fabriles redunden en la posesión
obrera de los medios de producción en sintonía con la autogestión
comunal (51), y no en ninguna clase
de cogestión como eufemismo populista de intervención Estatal.
El producto industrial generado por la industria autogestionaria, así
como la producción agraria de las huertas comunitarias, debe tener
como destino el abastecimiento de la comunidad y no su colocación
en el Mercado, ni tampoco su desvío hacia las arcas del Estado.
Tanto en el caso de los talleres formativos libertarios como en el caso
de la producción agroindustrial autogestionaria, la organización
vecinal y la extensión hacia grupos de afinidad son imprescindibles.
No puede suponerse que el Estado avalará tales experiencias ni
que serán toleradas livianamente por una sociedad todavía
anclada en la Propiedad Privada, obediente de la Democracia y de la Ley,
sumisa hasta la complicidad. Por eso es que todo paso hacia la expropiación
que pueda generar confrontaciones fuertes ha de ser considerado en virtud
de los mecanismos de resistencia comunal que puedan avalarlos. Como enseñaba
Capablanca (52) para el ajedrez,
todo ataque frontal y directo al Rey debe contar con las mayores posibilidades
de éxito, puesto que, de otra manera, culminará en una derrota
casi segura. Cada paso que se dé tiene que poder sustentarse, y
es necesario para ello contar con una red social activa y solidaria. Por
eso, una vez más, es fundamental comenzar por construir estos lazos
en los vínculos próximos, allí donde las caras se
ven, donde se conoce a cada quien por la vivencia cotidiana, donde no
tiene lugar la infiltración, ni tampoco mayor sentido.
Este tipo de vivencias comunitarias pueden encontrar un espacio más
en las experiencias de ciudad agraria (53),
tendientes a generar una renovación de hábitos en el ámbito
urbano incorporando experiencias cercanas al mundo agrario, fundamentalmente
a través del desarrollo de cultivos. La agricultura encuentra,
claro está, condiciones específicas en la ciudad que limitan
la producción y redefinen muchas de las prácticas propias
del agro. Sin embargo hay zonas del entorno suburbano capaces de producir
lo suficiente como para abastecer de alimentos en proporciones considerables
a buena parte de la población que muchas veces pasa hambre mientras
pide Dinero en la plaza rozagante de flores y palmeras que no se comen.
Y en cuanto a los cultivos domésticos que pueden ser llevados a
cabo en macetas, jardines y pequeños invernáculos, cabe
destacarse la repercusión que puedan tener, más allá
de lo que resulte de la producción en sí, en las vivencias
de un barrio que se abre a la experiencia común de la producción
de alimentos.
Todo esto, en el marco de la labor solidaria y no del trabajo remunerado
(54), en coordinación con los distintos barrios,
proyectos y comunas autogestionarias, con el boicot y el sabotaje de las
empresas privadas o estatales, junto con el sostenimiento de la actividad
cotidiana en compromiso con la propia ideología, compone un comienzo
importante para las experiencias vitales que vayan tejiendo, despacio
pero sostenidamente, la red social con hilos de simpoder. Lo que vendrá
es tan incierto como un nodestino, como una insalvable imposibilidad de
conocer lo que no hicimos todavía. Y entonces es momento, una vez
más, de reconocernos en las prácticas concretas de lo que
pensamos y sentimos, en la realización de la idea en hechos a través
de la voluntad, atentos a los caminos que se abren paso a paso, golpe
a golpe, verso a verso.
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(47)
No encuentro una designación que exprese claramente
la diferencia entre este tipo de taller y lo que es entendido como taller
desde la Escuela. Tal vez sea más adecuado hablar de talleres libertarios,
pero desconozco si ya ha habido anteriormente experiencias con este nombre
que, por lo demás, es un tanto ampuloso.
(48) Los
CGP, Centros de Gestión y Participación, son dependencias
del Estado porteño (Gobierno de la ciudad de Buenos Aires) que
funcionan como dependencias administrativas del Gobierno de la Ciudad
en cada barrio. En ellos, además de poder realizarse algunos trámites
administrativos, se dictan diversos tipos de cursos gratuitos para los
vecinos. La disfuncionalidad de estos centros respecto de la construcción
de ideologías libertarias es evidente, no sólo por la dependencia
que les cabe respecto del Estado, sino también por el modelo seudo-académico
que practican. De esta forma logran, una vez más, reemplazar la
genuina activación cultural a nivel barrial por la penetración
del Estado en los asuntos de comunes.
(49)
En internet hay espacios importantes de difusión,
así como hay ámbitos y métodos que expresan una potencial
transformación de la consideración sobre la propiedad. Vale
como ejemplo mencionar el open source (código libre), un sistema
que consiste en permitir un libre acceso a los códigos de programación
y al no cobro de aranceles por la utilización de dichos códigos.
Si bien no todo en la red funciona así, ni mucho menos, ni tampoco
es en sí misma una solución completa, cada vez es mayor
la cantidad de programadores que trabajan en ese sentido y las puertas
que se abren son enormes.
(50)
Prohuerta es un sistema Estatal orientado al desarrollo
de huertas orgánicas en zonas suburbanas empobrecidas. Como es
habitual en los proyectos de este tipo, el Estado decide a quién
le envía las semillas y la información según sean
organizaciones, instituciones o seudo-instituciones formadas a tal fin.
La orientación de la actividad está perfilada hacia la inserción
de los beneficiarios en la sociedad, lo que equivale a decir adelantarse
al desarrollo de economías marginales autosustentables a fin de
colocar al Estado en el lugar de la autonomía individual y comunal.
(51)
Cuando digo comunal hago referencia tanto a los barrios
como a los grupos de afinidad.
(52) El
Gran Maestro argentino de ajedrez José Raúl Capablanca creía
en las garantías y adoctrinaba instruyendo que todo ataque al Rey
adversario debía realizarse con la absoluta certeza de que las
relaciones de fuerza eran suficientemente ventajosas, porque de lo contrario
cualquier fracaso en el plan garantizaría un desastre. Es adecuado,
según creo, tomar lo valioso de sus opiniones condimentándolas
con algo de incertidumbre.
(53)
Me ha tocado participar en una pequeña experiencia
vecinal a partir de la cual surge esta idea de ciudad agraria. Si bien
en este caso la experiencia afectó a un grupo muy pequeño
de vecinos, no ha sido la única experiencia en este sentido, ni
mucho menos, y las experiencias continúan orientadas hacia la incorporación
de hábitos y vivencias agrarias en ámbito urbano.
(54)
Hasta aquí utilicé las palabras trabajo
y labor casi indistintamente. Sin embargo para mí expresan ideas
diferentes. Arrastrado por la sensación hurgué en las etimologías
y encontré una leve diferencia. Mientras que trabajo viene de (o
a través de) la voz latina tripalium, que era un instrumento de
tortura medieval, labor nos llega por el sustantivo labor, también
latino, que significa fatiga y, por extensión, tarea. Este a su
vez tiene por antecedente el verbo labo que significa moverse o bambolearse,
y cuyo origen no se conoce. Lo interesante para mí fue encontrar
que trabajo está asociada etimológicamente al sufrimiento,
mientras que labor se asocia con el esfuerzo, lo que no es lo mismo. Sin
embargo preferí no enroscarme tanto ahí arriba para no entorpecer
el desarrollo, y en cambio preferí dejarlo para aquí abajo,
como al oído y susurrando.
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